29 mayo 2010

La Verdad sobre Narén

Muchos sois los que leéis el blog de Narén y dejáis comentarios del tipo: “que bien escribes, Narén”, “que buen blog, nos hace pensar mucho y nos da a conocer la espiritualidad de la India”, “sí, sí, yo ya casi estoy iluminado; un par de posts más y dejo de reencarnarme”.

Es cierto, el blog de Narén está bien escrito y a menudo invita a la reflexión. Sus palabras transmiten esa paz interior que su autor tanto anhela. Las enseñanzas de su maestro son una guía útil para muchos aspectos de la vida; y sin duda los relatos de Narén nos acercan a las sabias y milenarias enseñanzas de la India para que nuestras occidentales mentes pervertidas por la materialista lujuria de las modernas Babilonias, puedan hallar el sosiego necesario para liberarse de todo estimulo externo y podamos así conocernos a nosotros mismos sin barreras ni obstáculos.

Todo esto es cierto. Como no iba a serlo, pensareis, si el blog lo escribe Narén, un tipo admirable, agradable, simpático, inteligente, culto (es perito mercantil!), cariñoso, amigo de sus amigos, maternalmente argentino, diplomáticamente italiano, espiritualmente indio, y conyugalmente catalán.

En fin, quien no pondría la mano en el fuego por Narén? Pero la mayoría de sus amigos, así como los fieles lectores de su blog, no viven en la misma ciudad que él, ni siquiera en el mismo país, y por eso muchos ignoran como es Narén en su día a día, lo que hay detrás de su blog, lo que no se cuenta en ningún post… así que disponeos a conocer: LA VERDAD SOBRE NARÉN.


El blog


Vamos a empezar por quitarle mérito a su blog. Es cierto que es bueno; doy fe de ello, soy uno de sus más antiguos y files lectores. Pero como no va a ser bueno si le dedica 24 horas al día, 7 días a la semana, 12 meses al año!!!

Él dice que le dedica muchas horas del viernes, que normalmente termina de madrugada. Es cierto, pero hay más. Los sábados suelo llamar a Narén para quedar por la tarde o noche, y su respuesta suele ser: “no puedo, es que estoy leyendo los comentarios y tengo que contestarlos”.

“Pero eso no te va a llevar todo el día”-replico yo.

Entonces él me responde algo parecido a esto: “bueno, pero es que tengo que analizarlos cuidadosamente, pues tal vez alguno de mis lectores necesita que resuelva alguna duda espiritual en el siguiente post…”

“Bueno –respondo yo- pues quedamos para mañana”.

“Mañana es imposible –replica él- es el cumpleaños de Swami”

“Narén –digo- llevas aquí 3 años y hemos celebrado el cumple de Swami 17 veces…” pero según él no es cierto, ya que el domingo anterior era un encuentro de la juventud Premananda, el anterior un ritual de purificación, el anterior la efeméride de cuando Shiva mató a 500 demonios, el anterior… y así cada domingo.

Desisto de quedar con Narén el fin de semana, así que le llamo entre semana, y es aún peor!

El lunes tiene yoga, para relajarse para poder preparar el blog.

El martes tiene el ritual pramanashagastagasasha, para pedir a Ganesha que le ayude a escribir el blog.

El miércoles tiene meditación, para concentrarse para escribir el blog.

El jueves está dedicado a algo más mundano: juega a fútbol, pero solo para aliviar tensiones y estar así más relajado para enfrentar el duro viernes, dedicado exclusivamente a la redacción del blog.

Así es la semana de Narén, con lo cual deduciréis que no es fácil ser su amigo. Afortunadamente, el jueves puedo ver a Narén en el fútbol, ya que solemos jugar juntos. Aprovecho este tema para enlazar con un aspecto algo preocupante, oscuro y desconocido de Narén.

La mayoría de los que le conocen le tienen por un tipo tranquilo, sosegado y que hace gala de un gran autocontrol. Pero hay una cosa en este mundo terrenal que le hace perder los nervios: el fútbol.


El fútbol


Pensaréis que un tipo que busca la espiritualidad hasta en una lata de sardinas no puede dejarse llevar por una pasión tan mundana y vulgar como es el fútbol, paradigma de las debilidades, los excesos y las aberraciones de nuestra sociedad… pues sí!

La verdad es que Narén juega muy bien al fútbol, como buen argentino, así que nos juntamos a menudo para disputar encuentros “amistosos”, en los cuales podemos ver frecuentemente a nuestro amigo perder la cabeza como uno más de los energúmenos que poblan los campos fútbolísticos.

En el último partido, Narén me lanza un pase largo al cual yo no llego, ya que esperaba un pase en corto para iniciar una jugada de ataque conjunta, así que me grita: “PERO CORREEEE, BOLUDOOOO!!!!!”.

A la siguiente jugada, yo salgo corriendo como si me persiguiera el mismísimo diablo esperando el pase en profundidad del cerebro del equipo, es decir, Narén. Pero este pierde el balón en el centro del campo, según él por falta de apoyo por mi parte, y en tono severo y cargado de cinismo me dice: “Alex, no todo es correr”.

El problema es que no puede asumir que el capitán del equipo soy yo. Aunque ese es otro tema que me reservo para otro post.


Las enseñanzas de Narén


El caso es que Narén es a pesar de todo un gran tipo, con el que uno se siente bien (en las pocas ocasiones en que se coincide con él). Su optimismo es contagioso, Narén le sonríe a la vida, porque espera que la vida le sonría a él, son esas cosas del Karma (para más información sobre este tema, ver su blog!).

Además, numerosas son las ocasiones en que aprovecha su sabiduría milenaria oriental para adoctrinar a patanes occidentales como yo. Recuerdo una ocasión que me servirá de ejemplo:

Este verano presté mi coche a Narén. Se fue a un retiro espiritual en Francia. Según él era para aprender técnicas de meditación, pero todos sabemos de sobras que era para tener más temas de que hablar en su blog.

A la vuelta de dicho retiro llega a mi casa en bicicleta. Yo le pregunto: “donde está mi coche?”, a lo que él responde: “aquí”.

“Narén, esto es una bicicleta”. A lo que él me responde: “querido amigo, esto es una bicicleta si tu mente quiere ver una bicicleta. Libérate de las limitaciones terrenales, busca tu alma en el fondo de tu espíritu en lo más hondo de tu corazón… y hallarás tu coche!”.

“Narén –empiezo a perder la paciencia- que coño me estás contando?”

“Verás –responde sosegado- una vez, en la India, una madre envía a su hijo a comprar dos bananas. El niño se come una y al llegar a casa le da la banana restante a su madre. Esta le pregunta: niño, donde te has metido la otra banana; y el niño le responde: esta es la otra banana; y así están media hora hasta que la madre se cansa y le pone la cara como un mapa al niño repelente”.

“Narén –interrumpo yo- ¿que tiene que ver esto con mi coche?”

“Paciencia amigo mío, si tu espíritu está inquieto, jamás entenderá el verdadero significado de esta historia. O es que no lees mi blog?”.

Yo me quedé desconcertado, sin saber qué responder, así que me llevé la bicicleta para no quedar como un inculto después de dos años leyendo el blog.

Así que ahora voy a todas partes pedaleando, lo cual es muy sano, pero cada vez que veo a alguien comiéndose un plátano me acuerdo de mi coche y me entra una mala hostia...!!!